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martes, 2 de julio de 2013

Alberto Ycaza In Memoriam



"Pero las modas pasan de moda y es el Arte el que vence al espacio y el tiempo”
Alberto Ycaza. Imágenes de la memoria


El espejo llegó en una vieja embarcación española, atravesó umbrosas selvas, caudalosos remansos, la espesura de los sueños. Cruzó las empedradas calles de una ciudad colonial que se erigía en el horizonte,  hasta que fue colgado   presidiendo el sombrío salón del palacete.  Unas décadas  después, tras la muerte de sus dueños todo quedó clausurado. Solo los fantasmas de  otra época asomaban a él su rostro, como si lo hiciesen al fondo de un pozo. 

Pasados los siglos el nicaragüense Alberto Ycaza (León 1945-San José 2002),  abrió las ventanas de aquella estancia ruinosa. La luz del trópico volvió a sacar destellos del bruñido marco, inundó de fulgores vivos el rancio barroco que lo encuadraba. Solo esta alma aristócrata,  supo sumergirse de nuevo en la travesía onírica entre dos mundos, contemplar el fondo de ese espejo olvidado,  abismarse hasta donde brotan sus imágenes.

Descubrió allí  los símbolos  atesorados por el tiempo, la orfebrería del pensamiento tras el cortinajes de los siglos, y los tomó como botín.  No las piezas de museo, sino el espíritu vivo de la pintura. Las trajo con sus pinceles hasta nuestro presente eterno. Arraigo y tradición  a la que supo dar originales matices propios. En los dorados bizantinos volaba el Quetzal, como una alegoría del Nuevo Mundo.  En las brumas renacentistas se abigarraban frutos de carnalidad tropical , los colores de la América asomada al Caribe alumbraron  los claroscuros de Rembrandt, donde supo engastar la  pedrería simbolista de Moreau. Los irreales crepúsculos del barroco Matías de Arteaga y el rostro de Rubén Darío también asomaban al espejo de sus lienzos. Dioses paganos y el panteón cristiano, catedrales y pirámides mayas, convergían en esta mirada tan clásica como utópica.


Pintor , filósofo y dramaturgo,  Ycaza fraguó un arte lleno de reminiscencias. Heredero y trasmisor de una cultura, pontífice entre dos continentes, dos realidades artísticas. Buscó la fuente eterna de la que brota el misterio. Sus cuadros guardan los ecos de una liturgia antigua, la pasión volcánica de sus paisajes natales,  el espíritu sagrado que hace de toda obra infinito espejo donde reflejarse nuestra alma. 

E.C.


                                                                         "Homenaje a Rubén Darío" Óleo sobre tela 1991


                                           "El príncipe de los poetas del nuevo mundo"  (detalle)  Óleo sobre tela 1988


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