Información de Teatro Inactual y artes residuales

lunes, 14 de mayo de 2012

Autores contemporáneos (I)





Racine, los desfiladeros del corazón


En un tortuoso paraje, en lo más oscuro del corazón,  encontró Racine la fuente poética. Allí donde un sentimiento absorbe y sumerge, en las aguas estancadas del alma, que cuando se desbordan, son lágrimas turbias de una herida incurable, inconfesable, infinita. Que consume la vida, la agota en la violencia mortal de sus pasiones, arrastrando su destino, sin razón ni voluntad.
Cada palabra nombra y devasta, prende fuego a la sangre, inocula esa crueldad que llamamos amor.


E.C




Todo me aflige, me hiere y se conjura para herirme


Objeto infortunado de la venganza del cielo,
Me aborrezco más aún de lo que tú me detestas.


Mi alma erraba ya al borde de mis labios


¡Oh, tu Venus implacable, que ves hasta dónde me has rebajado!
¿acaso no he sido ya bastante humillada?
Ya no puedes ir más lejos en tu crueldad.
Tu triunfo es total: todas tus flechas han dado en el blanco.
Cruel, si quieres una nueva victoria,
ataca a un enemigo que ofrezca alguna resistencia.


¡Ah! ¡Dolor nunca padecido!
¿A qué nuevo tormento estaba destinada?
Todo lo he sufrido, mis temores , mis ansias,
el furor de mi pasión, el horror de mis remordimientos,
y la insoportable injuria de un rechazo cruel,
no eran más que un débil preludio del tormento que padezco.


La muerte es el único Dios a quien me atrevía a implorar


¿Qué frialdad os invade cuando en mi todo es fuego?
¿Teméis seguir los pasos de un pobre desterrado?

(Jean Racine. Fedra)




Tal es el mundo raciniano: malicia del alma ante toda in­tervención de la voluntad libre, impotencia ante las inquietudes de la sensibilidad carnal, contagio del espíritu por la pasión, violencia espiritual en que el alma entera se vuelve contra sí para hacerse daño y hacer daño a los demás, desesperada búsqueda de un absoluto posible, lucidez perversa que «desemboca» en celos, en deseo de dañar, conciencia de culpabilidad, remordimiento, desierto total y, por último, caída vertiginosamente lúcida en una muerte sin esperanza. 
Es también profundamente humano. Es nosotros mismos.

Charles Moeller. Sabiduría griega y paradoja cristiana. 






No hay comentarios:

Publicar un comentario