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sábado, 26 de mayo de 2012

Vanguardias clásicas (II)




Esteve y Ponce. La carcajada del tiempo


En esta corriente heredera de nuestras legítimas vanguardias, emparentadas con el  absurdo, reflejo nítido de nuestras desgracias, pero  con cáusticas acometidas de humor,  que supo combinar la pericia del relojero, con el ingenio callejero,  habría que colocar a Esteve y Ponce.   

Último vértice de nuestra comedia y por tanto descarnadamente existenciales. Es cosa sabida que  la soledad y el dolor son siempre el fondo del que surge la carcajada. En unos títulos memorables, el dúo de Manoteras-Malvarosa, hacía reflexionar a golpe de risa.

ESPOSA.  Tarda en llamarme y ya es demasiado, me quiero morir, es que me quiero morir, pienso que le ha pasado algo, que ha tenido un accidente, ha muerto y está ente­rrado en un cementerio mal iluminado de las afueras, en una caja de pino por donde se cuela la humedad, con gusanitos saliéndole por las fosas nasales. Y yo me pongo enferma. Luego me llama y ya se me pasa. Somos el típi­co matrimonio con sus problemasmonio, sus peleasmo­nio, sus celosmonio y su rutinamonio. (1)

Punzantes, irónicos, gamberros lúcidos, y con gran dominio  del espacio teatral. Basta  recordar los delicados silencios de los Pájaros Fontaneros, con el calendario omnipresente desde el que los dos personajes se asomaban, o la cárcel metálica presidida por el botijo y el abejorreo de un transistor, en los Hermanos Pirracas.


                  Vivimos en la mierda.
                  Nadamos en la mierda.
                  Nos alimentamos de mierda.
                  ¿Me da cuarto y mitad de salami de mierda?
                  ¿El de mierda es ese?
                  ¿Ese de qué es?
                  ¿De cochambre ahumada?
                  Póngame ciento cincuenta de los dos.
                  ¿Qué más?
                  Pastel de lodo. También ciento cincuenta.
                  Paté de diarrea un cuarto.
                  Póngame también tres lomos de moñigo.
                  Nos come la mierda.
                  Todas las expediciones
                  que pretenden coronar la cumbre del Everest,
                  no dejan más que mierda.
                  Por eso me he venido al K-2.
                  Estoy más solo que la una.
                  Se está haciendo de noche. Cae la noche.

Llueven las frases, salpicando sobre la soledad de los personajes, que en realidad monologan con lo que va quedando de ellos mismos, en ese devastarse que es la propia vida, y en ese añico de vida que es la propia obra.  Un juego de verdad al que se entregaban Rafael Ponce  y Gerardo Esteve, que decían desde la epidermis y no desde el renglón aprendido.


CONSTRUCTOR DE LA TORRE. Una vez le dije a mi padre: papá de mayor me gustaría ser agente comercial. ¿y sabéis lo que me respondió? Pero de qué vas si no eres agente y mucho menos comercial. Cuando estaba a punto de morirse intenté tranquilizarle: papá muérete tranquilo, tu hijo ha fracasado.


Quizás esta áspera verdad de la que partían los textos de Ponce, este humor lleno de Mala Leche, esta risa al borde siempre de los abismos del alma, no era lo que esperara la época indolente que les toco cruzar, que solo valoraba la hueca parodia, y no la comicidad en su más honda expresión, la que nos deja desnudos a expensas de la muerte.


         La Verdad está en Inglés



    Los Pájaros Fontaneros






(1). Todos los textos en negrita, del libro de Rafael Ponce "Mala Leche". Ed. Teatres de la Generalitat Valenciana.2003

1 comentario:

  1. Lo que pude disfrutar con aquellos pájaros fontaneros en la Cuarta Pared. Creo que han pasado 15 años...

    He visto bastante teatro y nada tiene la contención, el exceso, la precisión y frescura de aquellas aves verborreicamente poetas.

    Me sorprendo soñando despierto con aquello una y otra vez.

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