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viernes, 22 de junio de 2012

Dramatis personae (VII)



Andrew Polushkin. Reconstrucción de la memoria. 

El destino final de los días, un almacén  con luz de ocaso , donde se archiva la historia. Sus membretes borrosos, sus sellos de actos inamovibles, fechas idas, que quizás tengan un presente en el reino de la muerte.

Esta puerta subterránea entreabre Andrew Polushkin. A este exilio en el tiempo nos conducen sus imágenes. En el límite del crepúsculo. Un rayo turbio que alcanza la oscuridad del alma para desvelar una profética angustia: el desmenuzar de todo esfuerzo humano en la nada. El descomponerse nuestro destino en esa certidumbre. Pero mientras este atisbo de respiración, este oscuro viaje continua, nos preguntamos que habrá sido de nosotros.

Solo en la  vigilia del suicida, cuyo pasado no puede aniquilar, la verdad fisura la consciencia, como el grito de un loco, como una palabra ultrajante, que se hace  eco por los abismos del pasado, que como todo eco busca y huye de su fin, y que en esa orbita cerrada gira , hasta ser detenida en estas visiones. A las que podemos asomarnos, como desde un balcón en ruinas, a un mundo clausurado.

EC









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